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Muro en frontera dominico-haitiana

La República Dominicana ya cuenta con voces que creen que con hacer un muro fronterizo se resuelve el problema de la inmigración ilegal, la cual se ha convertido en una masiva invasión pacífica que nos ha llevado a ver a los nacionales haitianos en todas las áreas y todos los sitios de nuestra cotidianidad.
La realidad es que los muros se escalan y se brincan y se pasa de un lugar a otro, los muros se caen y pierden su sentido histórico.
El problema radica en la permisividad de las autoridades de turno y la conspiración de los que viven del lucro de la inmigración ilegal.
Desde los albores de la historia, los pueblos han construido ciudades amuralladas y muros con el objetivo de defender sus territorios de invasores armados y/o ejércitos enemigos.
Podemos citar, a modo de ejemplo, las siguientes construcciones:
La gran muralla china, construida para proteger la frontera norte del Imperio chino. 
El muro de Adriano construido por orden del emperador romano Adriano para defender y  mantener la estabilidad económica y crear condiciones de paz en la provincia romana de Britania.
En tiempos modernos fuimos testigos del Muro de Berlín, que dividió en dos a Alemania. Este muro más que una división política-geográfica fue un muro de carácter ideológico.
También tenemos un muro construido por Estados Unidos en su frontera con México, cuyo objetivo principal es impedir la inmigración ilegal. Sin embargo con todo y muro, los Estados Unidos no han podido detener el flujo migratorio hacia su territorio,.
Actualmente hay en el mundo unas treintenas de muros fronterizos que trazan líneas geográficas, políticas, ideológicas, religiosas, étnicas, racistas, etc.

EL MURO DE LA FRONTERA DOMINICO-HAITIANA
Y como están de moda los muros, se habla de la construcción de un muro entre la República Dominicana y Haití, con el fin de detener la inmigración ilegal por esa parte de la frontera.
Más que un muro, lo que debiera hacerse es fortalecer el control de la frontera, asignando los recursos necesarios para que se logren los objetivos deseados, de tal forma que los organismos de control fronterizo cuenten con la tecnología adecuada, equipos y vehículos confiables, y sobre todo que las autoridades designadas para esos fines cuenten con sueldos decentes, incentivos económicos, y viviendas confortables que les permitan vivir dignamente en esa zona y no se vean tentados a sucumbir ante el soborno del dinero corruptor de los traficantes de drogas y de seres humanos y de los contrabandistas.
Más que un muro, es invertir en el desarrollo de los pueblos fronterizos y concienciar a las autoridades migratorias y del  Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza (CESFRONT) de que la patria empieza en la frontera y su deber es hacer que se cumplan los requisitos legales de entrada a nuestro territorio.
Para que haya un resguardo de nuestra frontera se requiere que se terminen los negocios ilícitos, el tráfico de droga, los contrabandos y que se eliminen los hornos de carbón que operan en las fronteras dominico-haitiana destruyendo nuestros árboles, todo esto en contubernio con las autoridades civiles y militares.
Conjuntamente con el plan de regularización se debe controlar y perseguir a los que sobrepasan su período de estancia legal en el país tras la caducidad de su visado.
Otra medida es la inspección en los centros de trabajos y en las grandes construcciones, como el Metro de Santo Domingo, para detectar extranjeros ilegales y proceder a su inmediata deportación y castigar con las sanciones que correspondan a los empleadores de mano de obra que violen las normas contempladas en el Código de Trabajo.
También se debe perseguir y sancionar a los grandes terratenientes que tienen trabajando a agricultores haitianos ilegales.
Son los grandes potentados los que estimulan y mantienen la inmigración ilegal. Son los ricos explotadores los que han vulnerado la soberanía prohijando el flujo migratorio de trabajadores ilegales, en desmedro de los trabajadores y agricultores dominicanos.
Si se quiere construir un muro para delimitar físicamente la frontera sería una magnífica idea, pero la sola construcción de un muro no detendría el flujo ilegal de inmigrantes.
En la medida en que Haití se desarrolle y tenga una economía sustentable se disminuirá la migración hacia nuestro territorio, mientras tanto continuará el problema migratorio y son las autoridades dominicanas las que tienen que velar para que las leyes migratorias se cumplan en todo el territorio nacional.
Para llevar a cabo la tarea de regular la inmigración ilegal y la salvaguarda de nuestra soberanía se necesita de hombres comprometidos con la patria que no acepten el soborno, ni el chantaje sino que trabajen de conformidad con los preceptos legales.

Si como dicen que la “patria comienza en la frontera”, es hora de que salvemos nuestra frontera, llevando el desarrollo y el progreso a los pueblos olvidados en esa parte de nuestro territorio.


José Núñez Grullón

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